Trufas negras cultivadas por los científicos de la USAL

Un proyecto evalúa el potencial del cultivo de trufa en Salamanca

Científicos de la Universidad de Salamanca determinan las características necesarias para cultivar el hongo en la provincia.

Una investigación de la Universidad de Salamanca ha evaluado el potencial del cultivo de la trufa en la provincia de Salamanca dentro del ecosistema de la dehesa. Los científicos han estudiado las posibilidades de dos especies, Tuber melanosporum y Tuber borchii, aunque la primera –trufa negra- tiene mucho más valor en el mercado, y han determinado las zonas donde tiene más posibilidades de salir adelante, así como la rentabilidad que se podría obtener.

El proyecto forma parte de la “I Convocatoria de proyectos de investigación orientados a ofrecer soluciones tecnológicas al sector primario”, por la que la Diputación de Salamanca ha financiado iniciativas innovadoras de la Universidad de Salamanca en el ámbito de la agricultura y la ganadería y cuyos resultados se presentaron en la pasada Feria del Sector Agropecuario Salamaq’16.

José Sánchez Sánchez, en representación de un grupo de investigación que estuvo liderado por Cipriano Valle, del Departamento de Botánica de la Universidad de Salamanca, explicó que el primer paso del estudio fue analizar las características del terreno donde los científicos han conseguido cultivar trufa de forma natural. Los datos de humedad, temperatura y las propias características del suelo son variables que permiten construir modelos que predicen la viabilidad del cultivo en otros lugares. Teniendo en cuenta estos factores, la zona noreste de la provincia tiene un mayor potencial.

 

La trufa es un hongo que crece ligado a las raíces de una planta, especialmente a las encinas, pero también a otras. Sin embargo, las características de la provincia de Salamanca no son las ideales para que prospere, sobre todo por su acidez. De hecho, en general no hay trufa negra en el oeste de la península ibérica porque los suelos tienen un pH bastante bajo. Sin embargo, puede haber áreas en las que sea más factible su cultivo.

 “Yo no aconsejaría intentarlo en suelos con un pH bajo ni en zonas de dehesa que ya tienen encinas con sus hongos ligados a las raíces, a los que Tuber melanosporum tendría que desplazar”, señala. Por el contrario, una nueva plantación bien acondicionada y en un terreno favorable podría ser rentable. De hecho, los investigadores han calculado que la inversión de los primeros 10 años podría recuperarse en otros cuatro.

 En la investigación también han participado la Fundación Naturaleza y Hombre, el Ayuntamiento de Peralejos de Abajo, la Mancomunidad de Vitigudino, ASAJA, el Ayuntamiento de Aldeatejada y ADECOCIR NORDESTE.

 

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